Sevilla: Feria de Abril 1,999
El Caballo y los enganches



Al pie de un naranjo sermbrado en el albero, y aprovechando su sombra, intento espresar lo que, a través de los tiempos, seguimos percibiendo los sevillanos, tan bien relatado por Gustavo Adolfo Becquer en 1869.
"El panorama que ofrece el Real de la Feria, desde la puerta de San Fernando es imposible describirlo con palabras, y apenas el lápiz lo pordría reproducir en su conjunto.
Hay una ruiqueza tal, de luz, de color y de líneas, acompañadas de un movimiento u un ruido tan grande que fascina y aturde.
Figuráos, a través de la gasa de oro que finge el polvo, su llanura tendida y verde como la esmeralda, el cielo azul y brillante, el aire como inflado por los rayos de un sol de fuego que todo rodea, lo colorea y lo enciende..."


Esto hoy sigue siendo vigente. Yo me voy a referir a la frase "acompañados de un movimiento y de un ruido tan grande ..."
En aquella época el ruido y el movimiento era el del ganado, el de los compradores y vendedores, el del chalaneo del trato, compro, vendo o cambio. Es el campo que entra en la ciudad con su atuendo de trabajo, y de fiesta cuando éste se terminaba. La ciudad, Sevilla, lo acoge, lo transforma y lo hace suyo, el pueblo manda y sus modas se van imponiendo.
El primer año hubo tres casetas, la de los Duques de Montpensier, el Ayyuntamiento y la del Casino Sevillano y muchos toldos de lonas donde acogerse para realizar los tratos y luego para celebrarlo, y ésto se convertía en Fiesta, con cantes y bailes de la tierra. Después de ciento cincuenta años se transforma, pasa de tres casetas a mil y de miles de ejemplares de ganado con cinco mil jinetes de campo, a ningún ganado y cinco mil jinetes de ciudad; y sigue la fiesta y el folklore.
De estos jinetes y carruajes que crean el paseo de caballos es lo que quiero comentar y transmitir, lecciones oidas de maestros del costumbrismo, la doma vaquera y el enganche como son Luis Ramos Paúl, Antonio Sánchez-Bedoya, Juan Llamas, Benito Iñiguez, José Carmona y otros muchos, de la forma en que se debe ir a caballo y enganchar en fería.
Decíamos antes que el pueblo sevillano transforma la feria, y se viste a la moda de los tiempos. En los comienzos veíamos jinetes a la serrana atalajados con albadón con flecosataharre, petral y jáquima, todo el conjunto rico y profundamente bordado.
El jinete, chupa, faja y calzón de machos, camisa con chorreras, algunos con corbata de pañuelo, chalequillo bordado, polainas abiertas que dejaban ver la media blanca y el zapato o bocerguí. Se tocaban, para el trabajo, con sombrero castoreño que, para luego vestir, sustituían por el catite o el calañés y qeu al echar pie a tierra, cambiaban por el de queso. Algunos los acompañaban con pañuelo a la cabeza.
Aunque ahora la mayoría montan a la vaquera, hasta hace pocos años se veían también jinetes a la inglesa con calzón, botas altas y sombrero flexible o militares de uniforme.
También hemos visto charros o cowboys del Oeste. Creo todo es admisible siempre que sea auténtico, sin ningún tipo de mestizaje.
Hablemos del atuendo vaquero, del traje tradicional que usan la gran masa de jinetes, que por lo general visten bien. Lo describiremos para ensalzar las virtudes de lo clásico y sobre todo intentar desterrar los defectos.
En los colores, sufridos, grises y marrones, y para la primavera calurosa el blanco yo el rayado de colores tenues. El negro era poco campero, se usaba para actos sociales, casarse por ejemplo.
El sombrero, gris o marrón, con la cinta del mismo color o bien blanca o negra.
Chaquetilla o guayavera. La primera podrá ser de cuello con solapas redondas o abierta de solapa de pico. La segunda de tirilla. Siempres chaleco de la misma tela. Para el hombre del campo eran necesarios los bolsillos que no tenían en los pantalaones. La camisa blanca lisa. Siempre faja, normalmente negra. El pañuelo de colores, sin ser estridente, puede sustituirla.
Con botos, siempre pantalón de vuelta blanca.
Con polainas, zapato, borceguíes o botín, calzona con caireles y medias blancas. En el primer caso se podrán poner zahones.
¿En la Feria ? El zahón es un delantal de trabajo de cuero, prenda campera cien por cien que se usa para defenderse del barro, el agua, el lentisco, el polvo y en algún caso un puntazo de una vaca. En el campo eran zahones sencillos, sin embargo en la actualidad el zahón se embellece, se repuja y se convierte en algo que además decora. Los clásicos afirman que no deben llevarse en Feria, la masa popular se los pone, y es mi humilde opinión, pues creo que también revive el recuerdo de lka antigua feria ganadera, que se puede permitir esta licencia; lo que nunca deben usarse es con calzones y caireles.
El marsellés, prenda de invierno, depende de la temperatura.




El aparejo del caballo, el clásico; con sus pequeñas diferencias según vengan de las marismas, la sierra o de la campiña, cabezada vaquera de cuero con o sin ahogadero, mosquero dde cerda o de cuero, mantas estriberas o costales de ralladillo.
La silla vaquera con zalea, la concha lisa o moteada de cuero o de seda, que estamos en feria. La montura española también clásica. Ojo con las poruguesas pues enotnces se debería ir vestido a la federica o de campino, pero no de corto.

Textos: Ramón Moreno Río.
Revista de Primavera
Comsión de Fiestas Mayores del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla



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